ARTÍCULO: DESCANSA EN PAZ, FEMINIDAD
- Por Él & Para Él

- 8 mar 2019
- 4 Min. de lectura
Actualizado: 11 mar 2019
No hay una sonata que me parezca más melancólica que Moonlight Sonata del maestro Beethoven y en esta noche es apropiada para iniciar este escrito, que más que un simple escrito es una forma de llamar la atención tanto de mis hermanas como de mis hermanos en la fe.
He decidido titular este escrito por cuanto refleja la realidad que se viene cerniendo en medio de nosotros y que poco a poco, trata de afectar incluso a la Iglesia. Atrás ha ido quedando la caballerosidad, el ceder la silla, el abrir la puerta y darle la mano a una dama para poderle ayudarle a bajar del automóvil. Como si se tratase de un cáncer agresivo, de esa misma manera el feminismo viene atacando a las sociedades e intenta contagiar a las Iglesias.
El día de hoy (8 de marzo) se celebra el día internacional de la mujer, pero lamentablemente, las mujeres que siguen el feminismo han ido perdiendo dicha distinción. Es interesante que bajo la premisa de “defender a la mujer”, el feminismo realmente les hace perder su feminidad buscando “deconstruir” para hacer al hombre afeminado y masculinizar a la mujer. Esta nueva ideología no es más que un arma del diablo por medio de la cual busca distorsionar los roles dados por Dios a su creación, pero lo más alarmante, es que formas o resquicios de dicho movimiento se ven dentro del pensamiento de muchas personas aún creyentes.
El día 8 de marzo ha venido a convertirse en una especie de “fiesta revolucionaria” donde las feministas gritan a todo pulmón: “abajo el patriarcado”. Como creyentes no podemos olvidar los roles que Dios dio al hombre y la mujer. Las Sagradas Escrituras dicen en Efesios 5 que las mujeres deben someterse a sus maridos y los maridos deben amar a sus esposas como Cristo amó (y ama) a la Iglesia. Esto no es algo “nuevo” o que Dios se inventó a lo último, sino que se estableció desde los principios de la humanidad. En Génesis 2 vemos que el hombre fue creado primero y luego la mujer, y que al hombre se le dio la autoridad y potestad sobre la creación para sojuzgarla. El mismo acto de que Adán fuese quien le dio el nombre a su mujer prueba su autoridad misma dada por Dios (Génesis 2:23) pero ya en Génesis 3 nos encontramos con el suceso que provoca la distorsión de los roles y, por ende, el principio mismo del “feminismo”.
En el capítulo 3 de Génesis, conocido como La Caída, vemos que la serpiente tienta a la mujer y esta hace caso omiso a las instrucciones que Adán le había dado (nótese que la mujer sabía que no debía comer del fruto, según sus palabras en los versos 2 y 3), y al hacerlo, violentó su autoridad. Así mismo, vemos que Adán no protege a su mujer (Algunos eruditos dicen que la forma gramatical en el hebreo de este pasaje, sugiere que Adán estaba presente cuando Eva fue engañada) sino que además la acusa lanzándole toda la culpa a ella (Génesis 3:12).
Lo anterior se ve reflejado durante todas las épocas de la historia, pero en ninguna de una manera tan cruda, clara y explícita como la época actual con el nuevo feminismo. Al analizar a los movimientos feministas, queriendo “liberarse del patriarcado” buscan un mundo donde sean ellas las de la autoridad y los hombres los sometidos (en una ocasión, una prima con tendencias feministas me dijo “ustedes ya tuvieron su época, nos toca a nosotras”); esto es una clara distorsión de los roles que Dios impuso en la creación, por tanto, es menospreciar la sabiduría del Omnipotente. Basta solo con mirar los vídeos de los distintos grupos feministas radicales, basta solo con escuchar sus argumentos, basta solo con mirar sus apariencias. Lo que en realidad busca dicha ideología es, como lo dije anteriormente, masculinizar a la mujer, haciéndole perder su forma de delicadeza y belleza con las cuales fueron dotadas por el Señor.
¿No debemos celebrar, entonces, el día de la mujer? Por el contrario, digo yo, que como creyentes no debemos celebrar un solo día, sino que como hombres es nuestra obligación ante Dios, y nuestro privilegio, el amar a la mujer protegiéndola y guiándola a servir más y más al Señor, y ser esas ayudas para que ellas crezcan en santidad. ¿Hay alguna otra forma más grande para honrar a nuestras mujeres que ayudarlas a ser más como nuestro Señor y Salvador?
En esta época donde el mundo grita ¡abajo el patriarcado! y donde se muestran las distorsiones en la creación afeminando a los hombres y masculinizando a las mujeres, los creyentes debemos alzar nuestras voces y mostrar la inmensa sabiduría de Dios al exhibir lo armoniosa que puede ser una sociedad si practicamos nuestros roles.
Lo anterior lo digo para aquellos que son creyentes, si tú que lees esto, aun no entiendes o no conoces el Evangelio, te invito a que vayas a este enlace para conocerlo.
Amadas hermanas, hoy es una fiesta secular donde se busca honrar su maravilloso trabajo, pero no se dejen engañar por la serpiente del posmodernismo, la cual les quiere pintar una utopía de superioridad que lo único que logra es que se encuentren en estado de vulnerabilidad y sin protección, pero más grave aún, busca es alejarlas del diseño para lo cual fueron directamente creadas por Dios mismo: nuestro Señor.
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Nota del editor: Los pensamientos y convicciones expresadas aquí son propias del autor/a. No representan necesariamente el pensamiento global del ministerio, aunque sí se ve identificado con lo que creemos.
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Acerca del autor
Oscar Romero es Administrador de Empresas, trabaja a tiempo completo en la Iglesia Bautista Reformada Decisión Jesús, de donde también es miembro, actualmente cursa la Licenciatura en Estudios Teológicos en el Seminario Reformado Latinoamericano.




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